A veces se escribe con el cuerpo

Mariana Quirarte


Llega violento.
El mareo se acciona
y la reacción consecuente
aturde los rastros del horizonte.

Balbuceo el discurso
de uno, o dos,
o tres, o más cuerpos.

El tacto del aire
como angustia húmeda
se adhiere a la piel,
eriza mi espalda.

En la entraña
escucho el susurro
del sentimiento mutante
que viene a verme. 

Sobre mis piernas
extiende su aliento,
la rendición:
el dictado del movimiento
lo procuro con obediencia.

Me toca, me fracturo.
Dislocada y contenida
entre músculos
y ligamentos.

Me fundo en el recuerdo,
en el deseo descoloco
mi punto de partida
y acaricio mis pies
solitarios.

Los cuerpos que habito,
una odisea,
la marea,
chocan contra la piedra.

Ya anfibia,
recito con mi cuerpo.
Me doblego,
soy la metamorfosis
del discurso preciso. 

Acecho el juego
atropellada por la idea
de vivir sin querer vivirlo
para fundirme
en la repetición,
en la ceguera intermitente
del espacio entre mis pestañas.

El tiempo volátil
se ha rendido un instante: 

la marea,
                mi danza
permanece
a un lado del silencio
          que nunca aplaude.


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